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11. DIC. 2017

La opción de correr hacia atrás

Seguramente alguna vez has visto a alguien corriendo hacia atrás en un parque, en la cinta de un gimnasio o incluso en una carrera popular. No se trata de runners con ganas de complicar su recorrido o aportar una dosis de originalidad a su entrenamiento, sino de personas que encuentran beneficiosa y entretenida esta forma de correr. El retrorunning (también conocido como backward running o reverse running) es una práctica que no ha dejado de ganar adeptos en la última década por las ventajas que ofrece a sus practicantes, a pesar de los riesgos que lógicamente conlleva el hecho de que no puedan ver lo que tienen detrás.

Para encontrar el origen de esta práctica tenemos que viajar a China y Japón, países en los que es muy habitual ver a gente andando y corriendo hacia atrás por las calles desde tiempos inmemoriales. Ellos fueron los primeros en valorar los beneficios de un hábito que, según diversos estudios, mejora nuestro equilibrio, activa músculos que normalmente no se ejercitan y nos obliga a gastar más energía y, por tanto, a quemar más calorías —se habla de un 30 % más— que si corremos hacia adelante. Pese a que pueda parecer llamativo a primera vista, lo cierto es que no estamos ante un ejercicio extravagante o innecesario. Los jugadores de baloncesto, cuando hacen el balance defensivo, o los árbitros de fútbol, al alejarse del punto del lanzamiento de una falta, conocen bien la importancia de saber controlar su cuerpo cuando corren hacia atrás.

El retrorunning está considerado un deporte desde 2005, año en el que un grupo de atletas alemanes, austriacos, suizos y franceses crearon la International Retrorunning Association. Desde entonces se han celebrado seis campeonatos del mundo con pruebas de velocidad y fondo. La última edición, disputada en Essen (Alemania) en 2016, contó con la participación de 350 retrorunners procedentes de 21 países. El objetivo de los impulsores de la modalidad es seguir creciendo en número de practicantes en todo el planeta y conseguir colarse más pronto que tarde como deporte de exhibición en una cita olímpica.

En los campeonatos internacionales disputados hasta la fecha ha brillado con luz propia la española Sandra Corcuera. Con cinco oros en campeonatos del mundo en las distancias de 3.000, 5.000 y 10.000 metros, la retrorunner barcelonesa se ha convertido en la mayor impulsora de una modalidad que ni siquiera puede ser denominada como minoritaria en nuestro país. Un panorama muy diferente del de países como Alemania, donde ya han comenzado a surgir clubes y escuelas de retrorunning para niños.

El epicentro de esta modalidad en nuestro país se encuentra en Lleida y, más concretamente, en el Club de Atletismo Esbufecs de Mollerusa, pionero en la organización de competiciones de retrorunning, incluido el Mundial de 2012. Precisamente, Corcuera conoció este deporte por casualidad tras apuntarse a una prueba organizada por este club en 2008 con el convencimiento de que se trataba de una carrera al uso.

Quienes quieran comenzar a practicar esta variante del running deben tener en cuenta que es necesario un periodo de adaptación y es recomendable comenzar a entrenar cubriendo distancias cortas y andando. Hay que evitar cualquier tipo de riesgo innecesario y, si no es posible entrenar en una pista de atletismo, han de elegirse terrenos llanos y sin obstáculos. De esta forma, podremos comenzar a correr hacia atrás ganando seguridad paulatinamente y centrándonos en mantener una postura correcta, inclinando el cuerpo levemente hacia delante y utilizando las punteras para impulsarnos. Unas zapatillas con la menor diferencia posible de altura entre el talón y la puntera serán siempre las más apropiadas para la práctica correcta del retrorunning.

Los retrorunners golpean el suelo con menos fuerza que los corredores tradicionales, lo que se traduce en una menor carga para las rodillas. Sin embargo, el cuello puede sufrir en exceso con tanto movimiento de cabeza en la búsqueda de referencias visuales a un lado y a otro. La solución a este problema parece sencilla: hay que tratar de correr sin preocuparse de lo que hay detrás. Muchos deportistas profesionales están incorporando el retrorunning como complemento a su entrenamiento y no son pocos los runners que defienden que correr hacia atrás aumenta su rendimiento a la hora de hacerlo hacia adelante. ¿Te atreves a probar?